MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —Pues yo, en tu caso, preferirÃa que lo supiese. Si tu amor es sincero y nunca, como dices, amarás a otro que a Rafael, tarde o temprano lo que tú tanto temes sucederá.
—Yo me habÃa resuelto a sufrir en silencio.
—Pero quisiste saber si San Luis te habÃa olvidado.
—SÃ.
—Y me dijiste que darÃas tu vida por recobrar su amor.
—Es cierto. ¡Ah, quisiera tener tu valor!
—Si no lo tienes, renuncia a tu amor; aún es tiempo. Me pediste consejos y apoyo. Yo te he dicho lo que harÃa en tu situación. Más, si no posees suficiente energÃa para vencer tus temores por el hombre que amas, tienes razón, no debes dar ningún paso comprometiente, porque la sociedad te despreciarÃa y tú seguirÃas siendo desgraciada.
—¡Ah!, pero yo no renunciaré jamás al amor de Rafael —exclamó Matilde—; tú tienes razón, he sufrido mucho ya para tener derecho de buscar mi felicidad.
—En ese caso, si tienes valor, sigue adelante. Entre sufrir en silencio y tal vez despreciada, a sufrir después de justificarte, yo prefiero lo último.
—Y yo también —dijo Matilde con resolución.
—Es decir, que hablaré con MartÃn.