Martín Rivas
Martín Rivas 20
Mientras Leonor y el recuerdo de Rafael vencían los temores en el corazón de Matilde, don Fidel Elías regresaba a su casa bajo el peso de la noticia que acababa de transmitirle don Simón Arenal sobre el arriendo de la hacienda del Roble.
Entró pensativo al cuarto en que su mujer se entregaba la mayor parte del día a la lectura de sus novelistas y poetas favoritos. En aquel instante leía «El Sueño de Adán» en El Diablo Mundo, de Espronceda, y oyó la voz de su marido cuando el héroe pide a Salada un caballo, como lo pedía Ricardo III para reconquistar su reino. La presencia de don Fidel le sacó de su éxtasis poético para arrastrarla a la prosa de la vida.
—Me dice mi compadre Arenal —principió diciendo don Fidel— que el arriendo del Roble no está nada seguro.
Doña Francisca le miró sin comprender lo que oía. Además, estaba desde mucho tiempo acostumbrada a oír y no a dar su opinión en los asuntos que su marido dirigía, por lo cual ella sólo la daba en presencia de otros para manifestar su superioridad intelectual.
—Me acaba de decir don Simón —prosiguió él, creyendo que doña Francisca no le había oído— que don Pedro San Luis ha dicho que tiene que reflexionar antes de comprometerse a prolongar el arriendo de la hacienda.