MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —Es cierto —contestó.
—Al irme de aquà —repuso Leonor— cambié de plan. Me pareció más natural decir sólo la mitad de él y dejar que San Luis pidiese la cita. Esta carta manifiesta que no me engañé. ¿Has contestado?
—No, esperaba verte para hacerlo.
—¿Has cambiado de resolución desde anoche?
—Tampoco —dijo Matilde—. Es verdad que tengo miedo; pero me venceré. Ahora que Rafael me ha escrito, es imposible cambiar de determinación, porque si me negase creerÃa que no le amo.
—Tienes razón. De modo que le contestarás ahora.
—¿Qué le diré?
—Lisa y llanamente lo que ayer convinimos. Es temprano y tu contestación llegará a tiempo. No olvides que es para las dos a más tardar. Yo estaré aquà con AgustÃn a la una.
Después de la salida de su prima, Matilde contestó en los términos que acababa de recomendarle, y envió su carta por el mismo conducto que habÃa recibido la de Rafael.
Leonor llegó pronto a su casa y se dirigió a las piezas que ocupaba su hermano, a una de cuyas puertas dio tres ligeros golpes.
La voz de AgustÃn preguntó del interior:
—¿Quién es?