MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —Pero entonces me aborrecerá, viendo lo que yo hago con él.
—¿Y para qué le vas a decir que sabes nada? Mira, apenas él entre a la cita nos presentamos mi madre y yo; tú te haces la inocente y lloras o gritas si te da gana; entretanto yo obligo a AgustÃn y se casan. AgustÃn creerá que tú no sabÃas nada. Adelaida opuso a este plan algunas objeciones demasiado débiles ante la voluntad de su hermano, que en caso de formal resistencia la amenazaba con perderla. Este plan además no dejó de lisonjear un tanto su orgullo, que la hizo divisarse como la mujer de un joven rico y de la primera clase de la sociedad, con la que podrÃa rozarse entonces de igual a igual, triunfando de la envidia de sus amigas. Otra causa obraba además en el ánimo de Adelaida para someterse con muy pequeña resistencia a la voluntad de Amador; esta causa tomaba su origen del estado de su alma. Abatida por la conciencia de su desgracia, fácilmente se adherÃa al nuevo plan que la ofrecÃa la probabilidad de cambiar su destino por la felicidad de una existencia regalada con los goces materiales del lujo, que ocupan tan vasto lugar en el alma humana.