MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —¡Quince dÃas! ¡Qué poco! Dejante que me tiene usted avergonzado con mi mamita y las niñas, porque les tenÃa dicho que a todas les regalarÃa algo.
—Ésa es mi intención; pero necesito tiempo para pedir a papá la plata sin que entre en sospechas.
—Y si entra, ¿qué tiene, pues? ¿Qué se está figurando que siempre nos hemos de estar callados? Yo no digo que usted no le haga al papá el ánimo sobre lo del casamiento, pero lo de la plata es otra cosa. El viejo es bien rico y no importa que le duela.
—Pero ¿cómo pedirle tan pronto?
—No sé cómo, ya le digo; el lunes sin falta me tiene por allá.