MartÃn Rivas
MartÃn Rivas Retiróse Amador, dejando perplejo y abismado al infeliz que tenÃa en su poder. La rabia que la exigencia de dinero despertaba en AgustÃn se calmaba, o más bien reprimÃa su Ãmpetu por el temor de ver revelado el secreto de su casamiento, que él se lisonjeaba poder aplazar hasta un tiempo más oportuno, figurándose, como todo el que con un carácter débil se encuentra en alguna apurada alternativa, que el tiempo le reservaba algún modo de salir del difÃcil trance en que se veÃa colocado. Bajo el peso de semejante situación se retiró AgustÃn a las once de la noche, sin que las palabras de Adelaida ni los cariños que doña Bernarda le prodigaba hubiesen podido calmar la inquietud que oprimÃa su corazón. En el camino anduvo silencioso al lado de MartÃn, a quien el extraño silencio de su nuevo amigo no alcanzaba a preocupar, porque, como todo enamorado que no se halla con su confidente, preferÃa caminar en silencio, para dar rienda suelta a sus pensamientos sobre Leonor.