Martín Rivas

Martín Rivas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Bueno, me gusta oírte hablar así —le dijo el padre revistiéndose de un aire doctoral, los jóvenes no deben estar de ociosos, porque no hacen más que perder tiempo y dinero.

Esta reflexión caía muy mal para las circunstancias de Agustín. No obstante, la idea de ver aparecer a Amador y de que todo se descubriese le dio ánimo para persistir en la resolución con que había entrado.

—Así es, papá —dijo—, usted tiene razón y por eso yo deseo trabajar.

—Está bien, hijo, yo te buscaré alguna ocupación.

—Gracias. Cuando esté trabajando no pensaré en hacer gastos, como ahora, que, sin saber cómo, me encuentro con una deuda de mil pesos.

Agustín pronunció su frase con la mayor serenidad que le fue posible y observó con ansiedad el efecto que producía en su padre.

Don Dámaso, que había vuelto a su paseo, se detuvo y fijó los ojos en su hijo. Las palabras que don Fidel acababa de decirle tomaron entonces en su imaginación un alcance profético.

—¡Mil pesos! —exclamó—. ¡Pero hace muy pocos días que te di otro tanto!

—Es cierto, papá, pero yo no sé cómo… se me había olvidado… y además con los amigos y el sastre…


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker