MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —¡Es cierto, usted tal vez tenga razón! —exclamó AgustÃn, como iluminado por un rayo súbito de esperanza.
—Si la partida no está asentada en ninguna parroquia, es claro que el matrimonio es nulo, porque ha sido hecho sin el permiso competente.
—Si usted descubriese esto —le dijo AgustÃn con entusiasmo—, serÃa mi salvador, le deberÃa la vida.
—¿Amador ha dicho que volverÃa mañana?
—SÃ, a la misma hora que hoy.
MartÃn designó entonces las parroquias que él recorrerÃa, señalando otras a AgustÃn con el mismo objeto.
—Para esto no debe usted pararse en gastos —le dijo—, es preciso desplegar la mayor actividad; es necesario que nosotros tengamos la certidumbre sobre esto antes que Amador se presente aquÃ, y que hayamos prevenido a su padre de usted.
—¿A mi padre? ¿Y para qué?
—Para evitar que Amador u otro cualquiera venga a sorprenderle.
—¿Y si el casamiento no es nulo?
—Es preciso tener valor y franqueza. ¿No tendrá don Dámaso razón para ofenderse con usted si otra persona en vez de usted le trae tal noticia?
—Es cierto.