MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —Además, si, por desgracia, el matrimonio es válido, previniendo a su padre con tiempo, podrá tal vez arreglar las cosas de algún modo que a nosotros no se nos ocurre.
—Cierto —repitió AgustÃn, admirando la previsión con que Rivas raciocinaba.
—Vamos, pues —dijo éste—, es preciso ponernos en marcha.
—Bajo a mi cuarto y allà tomaré el dinero que tengo; son doscientos pesos, y partiremos, ¿no le parece?
—Lo más pronto será lo mejor —dijo Rivas, tomando su sombrero y bajando con AgustÃn.
Pocos momentos después salieron, cada cual en dirección a los puntos donde se dirigÃan sus pesquisas.