MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —Don Pedro me ha dicho que desea que su hijo principie a trabajar.
—Y ¿qué hay con eso?
—Que para que su hijo trabaje lo piensa asociar con su sobrino.
—¿Con Rafael San Luis?
—SÃ.
—Hasta ahora no veo lo que tengo que hacer con eso.
—Que piensa dar en arriendo el Roble a su hijo y a su sobrino, en caso que usted no consienta en lo que Rafael le ha pedido.
—¿Qué le ha pedido?
—Que solicite para él la mano de Matilde.
Don Fidel no se hallaba preparado para recibir un ataque semejante. No halló qué decir. Sus facciones se contrajeron como las de un hombre que se entrega a una profunda reflexión.
—De veras que esto no me lo podÃa figurar —dijo.
—Ésa es su condición —repuso el compadre.
—¿Y si yo accediese a ella? —preguntó don Fidel, después de una ligera pausa.
—En ese caso arrendarÃa a usted el Roble y pondrÃa a trabajar a su hijo y a su sobrino en otra hacienda.
—Y a usted, ¿qué le parece, compadre?