MartÃn Rivas
MartÃn Rivas AgustÃn abrió la puerta y Leonor entró.
—Parece que están ustedes tratando de secretos muy importantes cuando están tan encerrados —dijo al ver a MartÃn, que se puso de pie y caminó hacia la puerta como para retirarse—. ¿Por qué se va usted? —le preguntó.
—Tal vez tiene usted algo que hablar con AgustÃn —contestó el joven.
—Es cierto, tengo algo que hablar con él, pero usted no está de más.
Leonor se sentó en un sofá, AgustÃn a su lado y MartÃn en una silla algo distante.
—Mi papá —dijo Leonor— nos lo ha contado todo antes de comer.
—¡Cómo todo! —exclamó AgustÃn.
—La visita del tÃo y sus intenciones.
—¿Sobre qué? —preguntó AgustÃn.
—¿No te ha hablado mi papá de casamiento?
—SÃ.
—¿Con Matilde?
—SÃ.
—A eso vino mi tÃo Fidel.
—Ah, ah, eso lo sabÃa —dijo AgustÃn.
—¿Qué piensas contestar?
—Que no puedo.
—Mi papá espera lo contrario.