MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —Por lo que yo le contesté hoy, ya lo creo; pero es que no podÃa hablar claro —dijo AgustÃn mirando a Rivas.
—¿Y ahora?
—Es decir, mañana será otra cosa.
—¿Por qué?
—Hermanita, en todo esto hay un secreto que no puedo confiarte.
—¿Un secreto?
—Lo único que puedo decirte es que me he encontrado en un gran peligro y estaba perdido si no me hubiese auxiliado MartÃn.
Leonor miró a aquel joven, a quien su padre elogiaba siempre y que aparecÃa ahora como el salvador de su hermano.
«Yo sabré ese secreto», se dijo al ver la ardiente y sumisa mirada con que MartÃn recibió la suya.
Siguió por algunos instantes la conversación, alentando a su hermano en la negativa con que debÃa contestar a su padre. Luego cambió insensiblemente de asunto y habló de música, de sus estudios en el piano y de las piezas más en boga, consultando a veces la opinión de AgustÃn y la de Rivas, y concluyó por estas palabras:
—Esta noche les tocaré un vals nuevo que tal vez ustedes no conocen.