MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —En eso he tenido un papel muy insignificante para que usted me atribuya méritos de que carezco.
—Es verdad que usted fue al principio muy reservado.
—No era un secreto mÃo, sino de mi amigo.
—A quien supuso usted muy pronto que yo amaba.
—Suposición involuntaria, señorita, de la que pronto me desengañé.
—Hay más todavÃa: AgustÃn dice ahora que usted es su salvador.
—Otra exageración, señorita; he hecho muy poco por él en razón de lo que debo a su familia.
—No creo que sea tan poco, por lo que dice AgustÃn.
—Nunca haré lo suficiente considerando mi agradecimiento hacia su padre de usted. —AgustÃn me ha dejado inquieta diciéndome que todo el peligro en que se ha encontrado no ha desaparecido todavÃa.
—Yo tengo más esperanza que él, señorita.
—¿Es un asunto tan grave que no pueda confiarse? —preguntó Leonor empezando a impacientarse con las evasivas respuestas de MartÃn.
—Señorita, es un secreto que no me pertenece.
—CreÃa —replicó ella revistiéndose de su altanerÃa— que le he dado a usted bastantes pruebas de confianza para que pudiese corresponderla.
—Lo harÃa con toda mi alma si pudiese.