MartÃn Rivas
MartÃn Rivas AgustÃn manifestó a Rivas su agradecimiento por aquel nuevo servicio, empleando su lenguaje peculiar de frases francesas españolizadas.
MartÃn se dirigió al escritorio de don Dámaso, pues sabÃa que a esa hora esperaba el almuerzo escribiendo. Entabló la conversación sin rodeos y refirió la desgraciada aventura de AgustÃn, atenuando en cuanto le fue posible su conducta. Don Dámaso le oyó con la inquietud de un padre que ve comprometida la honra de su hijo y la propia. El honor de las Molina le importaba un bledo, y se pasmaba de la insolencia de esas gentes, que por conservar su reputación querÃan casar al hijo de un caballero. Al fin contó Rivas su entrevista con AgustÃn el dÃa anterior, los pasos que habÃan dado y las sospechas que le asistÃan sobre la nulidad del matrimonio. Esto último permitió a don Dámaso respirar con libertad.
—Con estos certificados de los curas —dijo recorriendo los papeles que Rivas le presentaba— creo que no quedará duda sobre el asunto.
—El hermano de la niña —dijo MartÃn— debe presentarse hoy nuevamente en busca del dinero.
—¿Cómo le parece a usted que le recibamos?
—Yo creo que será mejor dar un golpe decisivo antes que él se presente —contestó Rivas.
—¿Cómo?