Martín Rivas
Martín Rivas En alas de esta triste reflexión, se lanzaba Martín al campo inmenso en que los amantes desdeñados aspiran el acre del perfume de las pálidas flores de la melancolía. Todo sufrimiento tiene un costado poético para las almas jóvenes. Martín se engolfaba en la poesía de su desconsuelo, prometiéndose servir a la familia de Leonor en razón directa de los desdenes que de ella recibía. Halagaban a su corazón, huérfano de esperanzas, aquellas ideas de sacrificio con que los enamorados infelices sustentan la actividad del corazón, como para sacar partido de su desventura.
«Sufrir por ella —se decía—, ¿no es preferible a una indiferencia fatigosa?».
Así, poco a poco, iba recorriendo su alma las distintas fases de un amor verdadero, y se encontraba entonces en situación de aferrarse a sus pesares como a un bien relativo, en vez de desear la calma de la indiferencia, este Leteo cuyas mágicas aguas imploran solamente los corazones gastados.
Pensando en Leonor, se dirigió a cumplir el compromiso contraído con la familia de Agustín.
«Si salgo bien —pensaba—, ella tendrá que agradecérmelo, puesto que la tranquilidad de los suyos no puede serle también indiferente».