MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —Don Dámaso me ha dicho que haga presente a usted las consecuencias de este asunto si llega a ponerse en manos de la justicia; ustedes no tienen ningún medio de probar la validez del casamiento, y don Dámaso, por su parte, puede probar que aquà se ha cometido una violencia, para la cual pedirá un castigo. Si, por el contrario, usted confiesa la nulidad de este matrimonio y ofrece alguna prueba de seguridad que ponga a la familia de AgustÃn al abrigo de todo cuidado en este punto, don Dámaso ofrece alguna indemnización para transar amigablemente, porque reconoce la falta de su hijo, bien que no podÃa cometerla sin participación de Adelaida.
Amador se quedó pensativo durante algunos momentos.
—Si usted tuviese una hermana —añadió Amador—, y alguno anduviese… pues… enamorándola, como usted sabe, ¿no es cierto que usted tratarÃa de escarmentarlo?
—Sin duda.
—Bueno, pues, eso fue lo que yo hice con AgustÃn.
—Bien hecho; pero usted llevó la cosa demasiado adelante.
—Asà no se meterá otra vez en esas andanzas.
—Usted puede hacer terminar este asunto ahora mismo —dijo MartÃn, sacando el vale de don Dámaso—; vea usted.