MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —¿Qué es esto? —preguntó Amador mirando el papel.
—Usted pidió ayer mil pesos a AgustÃn; pues bien, su padre los ofrece a usted en cambio de una carta.
—¿De una carta? ¿Y qué quiere que le diga?
—Lo que usted acaba de decirme: que quiso castigar a AgustÃn y fingió un casamiento.
Amador creyó que se habÃa resistido ya lo suficiente para fijarse en la palabra «fingió», que Rivas dijo para sondear el terreno. El documento de mil pesos estaba allà tentándole, por otra parte, y él calculó que obstinándose no podrÃa conseguir nada mejor que lo que se le ofrecÃa, y quedaba con su obstinación expuesto a las consecuencias de un pleito.
—Vaya, pues —dijo sonriéndose—, dÃcteme usted la carta.
Dictóle entonces MartÃn una carta en la que Amador exponÃa las razones que habÃa tenido para castigar a AgustÃn. Terminada esta explicación:
—¿De quién se valió usted para esto? —preguntó Rivas.
—De un amigo.