MartÃn Rivas
MartÃn Rivas De este modo convinieron Amador y Adelaida en no turbar la alegrÃa que esperaban gozar en los dÃas de la patria. Conocedores del violento carácter de la madre, suponÃan, con razón, que la noticia verdadera de lo acaecido irritarÃa su enojo y les privarÃa tal vez de las diversiones que Amador esperaba procurarse con el dinero que iba a recibir.
—Si yo se lo cuento ahora —dijo Amador—, se enojará conmigo; pero con ustedes no sólo se enojará, sino que las encierra en el Dieciocho y no las deja salir a ninguna parte.
Sólo pueden apreciar la importancia de este argumento los que sepan el apego de todas nuestras clases sociales por las fiestas cÃvicas que solemnizan el aniversario de nuestra independencia. No ver el Dieciocho (ésta es la expresión más genuina en esta materia) es un suplicio para cualquiera persona joven en Chile, y sobre todo en Santiago, donde el aparato y pompa que se da a esta solemnidad atrae la presencia de muchos habitantes de otros pueblos vecinos.