MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —Su hijo de usted, su mismo hijo, ha confesado que el matrimonio habÃa sido una farsa.
—¡Cómo es eso! Y yo, ¿que no lo vi? ¡A Dios, pues, al todo también! ¿Que soy tonta? ¿Y el cura que los casó?
—El cura no era cura, era un amigo de su hijo de usted.
—¿Quién dice eso?
—El mismo Amador.
—¡Que está loco! ¡Yo se lo habÃa de oÃr!
—El hecho es que él lo ha confesado.
—¿A quién?
—A mÃ.
Don Dámaso, al contestar, se dirigió a su escritorio y mostró a doña Bernarda la carta de Amador.
—Vea usted —le dijo—, aquà tiene usted una carta de su hijo en la que refiere la verdad de lo ocurrido.
—A ver qué dice la carta —respondió doña Bernarda, que, no sabiendo leer, no querÃa confesarlo.
—Aquà la tiene usted —dijo don Dámaso, mostrando el papel.
Don Dámaso leyó la carta de Amador, desde la fecha hasta la firma.