Martín Rivas
Martín Rivas Aquella súbita revelación dejó aterrada a doña Bernarda. Las confusas respuestas que en distintas ocasiones había recibido de su hijo no le habían dado la menor sospecha de la verdad. Figurábase siempre que el arreglo a que Amador aludía era un convenio ajustado para aplazar el reconocimiento del matrimonio por parte de la familia de Agustín. La carta, cuya lectura acababa de oír, echaba por tierra todas sus esperanzas y descorría ante sus ojos el velo que ocultaba el cuadro de su vergüenza. Su carácter irritable quedó exasperado con aquella ocurrencia y sólo pensó en regresar a su casa para descargar sobre sus hijos todo el peso de su cólera.
—Si esto hay —dijo temblando de indignación—, me la han de pagar.
Despidióse de don Dámaso y con paso ligero se dirigió a su casa.
Durante el tiempo que doña Bernarda empleó en formar la resolución de ver a don Dámaso, que, como hemos visto, ejecutó a principios de octubre, ningún incidente digno de mencionarse había ocurrido entre los demás personajes que figuran en nuestra narración.