MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —Si ella no tiene la culpa, pregúntele por qué lo hacÃa yo.
—A ver, responde, pues —dijo a Adelaida doña Bernarda.
—¿Por qué…? ¿Cómo sé yo? Tú me dijiste que me convenÃa.
—¡No ves! —exclamó doña Bernarda—, bien lo decÃa yo; tú solo tienes la culpa.
A su exclamación agregó la señora una nueva granizada de insultos dirigidos a su hijo, que sólo pudo hacerla interrumpirse con estas palabras:
—Averigüe bien primero lo que pasa en su casa y no me insulte sin razón.
Adelaida dirigió una mirada suplicante, que Amador no pudo ver porque sólo pensaba en calmar a su irritada madre.
—¿Qué pasa en mi casa? —preguntó ésta.
—Que le diga Adelaida si no fue por ella que yo lo hice. Nada le cuesta decir que no tiene la culpa; yo no tengo nada que tapar y ella sà que tiene.