MartÃn Rivas
MartÃn Rivas Rafael San Luis escribió a MartÃn, citándole para el portal que ahora llamamos portal viejo o Bellavista, para distinguirlo del de Tagle y del pasaje Bulnes.
Una hora después hallábanse los dos amigos reunidos en el lugar designado y tomaron el camino de la Alameda.
—Necesito de tu consejo para un asunto grave —dijo Rafael, apoyándose en el brazo de Rivas.
—¿Qué es lo que hay? —preguntó éste.
—En medio de la calma ha aparecido una nube que presagia tempestad; no te imaginarÃas nunca a quién he tenido de visita.
—¿A Adelaida Molina?
—¡A doña Bernarda! Lo sabe todo y quiere que me case con su hija.
—Tiene razón —dijo frÃamente MartÃn.
—Ya lo sé —replicó incómodo Rafael—, y no te pedÃa tu opinión sobre eso.
—Adelante.
—No se me ocurre ningún medio de parar este golpe. He ofrecido la mitad de lo que tengo, y la maldita vieja no se contenta con seis mil pesos.
—En ese caso, haz lo que todavÃa puedes: ofrece los doce mil.