MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —Ahà está la particularidad, habla sólo de ti. A ver, cuéntame, ¿qué hablas con Leonor? Yo tal vez sea más perspicaz que tú.
Provocado asà a una confidencia, refirió MartÃn todas las conversaciones que habÃa tenido con Leonor, especificando las menores ocurrencias y conservando hasta las palabras con la feliz memoria de los enamorados. Habló con calor de sus recientes esperanzas y con angustia de su desaliento; éste y aquéllas, merced a la elocuencia de un amor verdadero, aparecieron a Rafael como la luz de la luna, que en un cielo entoldado brilla de repente y desaparece después tras espesos nubarrones.
—Si no hay sobre qué fundar una certidumbre —le dijo al fin—, no falta en qué apoyar esperanzas; yo, en tu lugar, harÃa un acto de audacia para realizarlas.
—¿Cómo?
—Le escribirÃa.
—¡Nunca!, ¡nunca burlarÃa asà la confianza de los que me dan tan generosa hospitalidad!
—MartÃn, amigo, no eres de este siglo.
MartÃn sólo contestó con un suspiro ahogado.
—¿Es decir que te resuelves a vivir en la duda? —repuso San Luis.