Martín Rivas

Martín Rivas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Sí; además, te lo confieso, la majestad de Leonor me anonada. El valor que a veces he tenido para contestarle con alguna energía me abandona cuando no estoy con ella y mido la inmensa distancia que nos separa. ¡Me veo tan oscuro, tan pequeño al contemplarla!

—En fin, tú eres dueño de hacer lo que te parezca.

Los dos jóvenes se levantaron de un sofá de la Alameda en que se hallaban. —¿Cuándo te ocuparás de mi asunto?— preguntó Rafael.

—Hoy mismo si puedo; voy a escribir a Amador. ¿Cuánto puedo ofrecerle?

—Tú arreglarás el asunto como mejor te sea posible; yo estoy dispuesto a sacrificar cuanto tengo.

Separáronse frente a la bocacalle del Estado, y se marcharon cada cual a su casa.

A esa hora hallábase en su cuarto Amador Molina con el oficial amante de Edelmira, que acababa de entrar.

—Amador, vengo a hablar contigo —había dicho después de saludar Ricardo Castaños.

—Aquí estoy, pues, hijo —contestó Amador—, ¿qué se ofrece?

—Tú sabes que yo quiero a tu hermana.

—Algo de tienda, amigo; todos somos aficionados, pues.

—Pero creo que ella no me quiere.

—¡Adiós! ¿Y qué mejor quería?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker