MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —Allá entiéndanse ustedes como puedan —replicó con desabrido acento la señora.
Y se retiró a buscar su costura, jurando entre dientes que Rafael tendrÃa que arrepentirse toda la vida de lo que habÃa hecho.
Amador contestó al dÃa siguiente que su madre se comprometÃa a no presentarse al juez con tal que se diese a Adelaida la cantidad estipulada, valiéndose para dar esta respuesta de lo que doña Bernarda habÃa dicho acerca de su consulta con su amigo el procurador. Grande fue su sorpresa cuando, en lugar de entregarle Rafael los ocho mil pesos de los que él esperaba reservarse mil, vio a MartÃn encargado de extender una escritura de donación a nombre de San Luis y depositar el dinero en una casa de comercio, con cargo de entregar a Adelaida los intereses.
Practicadas estas diligencias, fue Rivas a casa de Rafael a darle cuenta de ellas.
—A pesar de esto —le dijo—, no debes considerarte como libre de un nuevo ataque hasta que no estés casado.
—Asà lo creo —contestó Rafael—, y por eso he conseguido con mi tÃo que obtenga reducción del plazo fijado por don Fidel. Espero estar casado dentro de dos semanas, a más tardar.