Martín Rivas

Martín Rivas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Doña Bernarda encendió otro cigarro para serenarse y se acercó después a su hija. —¿Qué hay, pues?— le dijo.

—Yo no estaba preparada para esto —respondió Edelmira, dejando rodar las lágrimas que se habían agolpado a sus ojos.

—¿Que te digo yo que te cases mañana, pues? Si no corre tanta prisa. Yo te hablo porque soy tu madre y sé que te conviene.

Estas palabras descubrieron un nuevo horizonte a los ojos de Edelmira. Veía que una resistencia obstinada habría colmado la irritación de su madre hasta exasperarla, y conoció que lo único que le era permitido en semejante trance era ganar algún tiempo.

—Eso es lo que yo pido, mamita —dijo—, déme siquiera un mes para contestar.

—Eso es… llévate esperando para que el otro se aburra y se mande cambiar. Se te figura que dentro de un mes me vas a encontrar muy mansita, ¿no? ¿Quién manda aquí, pues? Ya te digo que no te vas a casar mañana, pero la contestación la has de dar luego.

—Pero, mamita…

—¿Qué es esto, pues? ¿Estás pensando que yo he de consentir en que se pierda esta ocasión? ¡Parece que no me conocieras! Date a santo con que te espere algún tiempo.

—Haré lo que usted diga, mamita.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker