MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —Asà me gusta, eso es hablar como buena hija.
—Pero me dará usted siquiera unos dos meses para prepararme.
—Sobra con un mes, y no hay más que hablar.
Edelmira bajó la frente con resignación.
—Y no andes con tonteras, pues, en este tiempo —repuso la madre—. Con él, formalita, pero no soberbia, y dejémonos de caras afligidas. Vas a ser más feliz que todas.
Edelmira se retiró a su cuarto después de oÃr algunas otras amonestaciones que le hizo doña Bernarda con el tono autoritario que, desde los asuntos de Adelaida, empleaba con los de su familia.