MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —Los franceses —añadió AgustÃn— dicen: l’amour fait rage et l’argent fait mariage; pero aquà el amor hace de los dos, rage et mariage.
—Creo que ahora es la niña más feliz de Santiago —repuso Leonor.
—Por qué no la imitas, hermanita —dijo AgustÃn—; tú puedes ser tan feliz como ella cuando quieras, ¿no tienes dos elegantes enamorados?
MartÃn fijó en la niña una mirada profunda y palideció.
—¿Dos no más? —preguntó riéndose Leonor.
Con estas palabras la palidez de MartÃn cambió de repente en vivo encarnado. —Cuando digo dos— replicó AgustÃn— hablo de los que más te visitan, mi toda bella; ya sabemos que puedes elegir entre los más ricos si quieres.
—¡Qué me importan los ricos! —exclamó con desdeñoso tono Leonor.
—¿PreferirÃas algún pobre, hermanita?
—Quién sabe…
—No comprendes el siglo entonces, te compadezco.
—Hay muchas cosas que pueden valer más que la riqueza —dijo la niña.
—Grave error, ma chamante; la riqueza es una gran cosa.