MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —Aun suponiendo que mi amor resistiese al desengaño con que acaban de herirlo —repuso Matilde, tranquilizándose poco a poco con los afectuosos cariños de su madre—, suponiendo que yo pudiese olvidar lo que acabo de ver, ¿podrÃa vivir tranquila a su lado? ¿Nadie tendrÃa derecho a acusar mi egoÃsmo, y serÃa feliz sabiendo que por mà vivÃa sacrificada una niña infeliz que no ha cometido más falta que la de engañarse? ¿No me engañaba yo también creyéndole que jamás habÃa amado a otra? Mire, mamá, esto es horrible; cuanto más pienso en ello veo que es un abismo sin fin. ¡No le amo ya, le aborrezco! ¿Quién puede asegurarme que no se ha casado con la madre de su hijo por falta de amor, sino tal vez porque era pobre? ¿Quién me hará creer que no me preferÃa sino por la riqueza de mi papá?