MartÃn Rivas
MartÃn Rivas «Siempre igual —se dijo—. ¿Acaso no amará nunca?».
Poco después salió del salón y de la casa, encaminándose a la de Rafael; pero Rafael no estaba en su casa.
—Salió hace una hora —le dijo su tÃa.
—Volveré mañana temprano; tenga usted la bondad de decÃrselo —dijo MartÃn despidiéndose de la señora.
En aquella misma noche, don Fidel fue a casa de don Pedro San Luis.
—Lo que conviene —le dijo, después de exponer su teorÃas sobre la vida social— es hacer cuanto antes este casamiento.
—Pues yo creo que debemos dejar que pase algún tiempo, a menos que ellos mismos deseen otra cosa. Es preciso ver modo de arreglarnos con esta vieja que puede incomodarnos.
—Yo haré que los muchachos se vean mañana —repuso don Fidel, que en un aplazamiento del matrimonio veÃa sólo la demora de su arriendo.