MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —Me ha dicho que es inútil, no recibirá a nadie.
Luego, como si le viniese un recuerdo, añadió:
—Ah, se me olvidaba, me dejó una carta para usted; aquà la tengo.
Entregó la señora una carta cerrada a Rivas, y éste se despidió de ella para leerla en su casa. Al llegar le entregó el criado otra carta.
—Esa niña del otro dÃa la trajo y va a volver por la contesta —le dijo con una semisonrisa de inteligencia.
Rivas subió a su habitación y abrió la carta de Rafael San Luis, dejando sobre la mesa la que el criado acababa de entregarle.
La de San Luis decÃa lo siguiente:
«Querido MartÃn: