MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —Este niño ha vuelto más tonto de Europa —murmuró picada la literata.
—En dÃas pasados —dijo don Simón a don Dámaso— un ministro me hablaba de usted, preguntándome si era opositor.
—¡Yo opositor! —exclamó don Dámaso—, nunca lo he sido; yo soy independiente.
—Era para darle, según creo, una comisión.
Don Dámaso se quedó pensativo, arrepintiéndose de su respuesta.
—¿Y qué comisión era? —preguntó.
—No recuerdo ahora —contestó don Simón—. Usted sabe que el gobierno busca la gente de valer para ocuparla y…
—Y tiene razón —dijo don Dámaso—, es el modo de establecer la autoridad.
—Mira, Leonor, ya están conquistando a tu papá —dijo doña Francisca.
—No, a mà no me conquistan, hija —replicó don Dámaso—; siempre he dicho que los gobiernos deben emplear gente conocida.
—Yo no pierdo la esperanza de verte de Senador —dijo don Fidel.
—No aspiro a eso —repuso don Dámaso—; pero si los pueblos me eligen…
—Aquà los que eligen son los gobiernos —observó doña Francisca.