Martín Rivas

Martín Rivas

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Capítulo 50

50

Para comprender lo que Agustín dijo entonces a Rivas debemos averiguar lo que había sucedido durante la ausencia de éste.

La criada con quien Edelmira llegó en la mañana de ese día a Santa Ana se había quedado haciendo comparaciones entre el lego que prendía las velas de un altar y el galante postillón que tan finos requiebros había dirigido a Edelmira o a ella.

La criada se inclinaba a creer que era ella la que había cautivado al galante postillón, y ya dijimos que le hallaba mucho más interesante que el lego que encendía las luces.

Pero como a poco rato se retiró éste, la criada no tuvo ya con quién establecer comparaciones, y se entretuvo contando los altares y luego las velas que cada uno tenía; y como al cabo de tres cuartos de hora notó que no había rezado, dijo algunas Salves y algunos Padrenuestros.

Pasada una hora se puso a pensar que no podía ser muy pequeño el número de pecados de Edelmira, cuando empleaba tanto tiempo en confesarse, y cansada de pensar en esto, dejó de pensar y se quedó dormida.

Una beata la despertó media hora después, para preguntarle si había pasado el Evangelio de una misa que se estaba diciendo a la sazón.

La criada se contentó con responder:


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