Martín Rivas
Martín Rivas Se buscó en vano a Edelmira por toda la casa, y después de esto se reunió la familia para averiguar en dónde podría encontrarse. Después de mil suposiciones se esperó una hora; transcurrida esta hora la familia se sentó a almorzar; y tras el almuerzo se esperaron dos horas más, sin entrar en sospechas de que Edelmira hubiese podido fugarse.
Más como Edelmira no llegaba, doña Bernarda llamó a la criada y le hizo referir el viaje a la iglesia, en cuya narración la criada se manifestó turbada al omitir el encuentro de Edelmira con Martín. Esta turbación despertó vagas sospechas en el espíritu de Amador, quien las comunicó a su madre, la que propuso el medio de las amenazas, y aun de la violencia, para arrancar a la criada el secreto de aquella ausencia, si acaso existía tal secreto.
—Estas chinas son hechas por mal —dijo sentenciosamente doña Bernarda—, y así es preciso tratarlas.
En consecuencia, la criada compareció de nuevo ante el tribunal de la familia y a poco rato se halló envuelta en las redes que con bastante destreza le tendió Amador. Las amenazas acabaron esta obra, pues antes de media hora la criada había referido todas las circunstancias de la excursión de la mañana.