MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —Si él no anda en esto —dijo—, ¿qué andaba haciendo tan temprano por la iglesia? ¡Qué casualidad también que llegase al mismo tiempo que Edelmira!
Esta reflexión despertó los celos de Ricardo, que, como si mandase cargar a su compañÃa contra el enemigo, dijo con resolución:
—Adelante.
—Métale no más —le contestó Amador, tomando la delantera.
Don Dámaso Encina estaba en su escritorio, leyendo un artÃculo de un periódico de oposición.
Amador y el oficial le saludaron con gran cortesÃa, y el hijo de doña Bernarda tomó la palabra para decir el objeto de aquella visita.
—No creo que MartÃn sea capaz de tal cosa —dijo don Dámaso cuando Amador anunció sus sospechas, al terminar su relato.
—No lo conoce usted, señor —replicó Amador—, parece que no fuera capaz de quebrar un huevo, pero es todo lo contrario.
Don Dámaso llamó a su hijo para averiguar lo que supiese delante de los dos mozos.
AgustÃn oyó la relación del hecho y dijo:
—¡Es una indignidad! Yo no lo creo.
—¿Y a qué ha salido tan temprano MartÃn? —replicó Amador.