MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —TÃa, si son morsoes literarios —exclamó AgustÃn—, mejor serÃa que hiciesen un poco de música.
—Lea, mamá —dijo Matilde—, hay mayorÃa por lo que mi primo llama morsoes literarios.
Doña Francisca abrió en una página.
—Aquà hay unos versos —dijo—, y son del señor Mendoza.
—¡Tú haces versos querido! —Le dijo AgustÃn—, ¿qué estás enamorado?
Emilio se puso colorado, y lanzó una mirada a Leonor, que pareció no haberla visto. —Es una composición corta— dijo doña Francisca, que ardÃa en deseos de que la oyesen leer.
—Parta pues tÃa —le dijo AgustÃn.
Doña Francisca, con voz afectada y acento sentimental, leyó:
A LOS OJOS DE…
Más dulces habéis de ser
Si me volvéis a mirar,
Porque es malicia a mi ver,
Siendo fuente de placer,
Causarme tanto pesar.
De seso me tiene ajeno
El que en suerte tan cruel
Sea ese mirar sereno
Solo para mà veneno,
Siendo para todos miel.