MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —No veo en qué consiste el sacrificio.
—Vaya, las mujeres que pretenden ser tan maliciosas se equivocan también. Figúrate que Leonor se puso furiosa.
—¡Ah! —dijo Rivas turbado—, ¿lo sabe también?
—Todo, y cree lo que yo creÃa, aunque traté de disculparte.
En este momento llamaron a comer.
—¿Pero vas a negarlo todo a papá? —le dijo AgustÃn.
—No he cometido ningún crimen para ocultar mis acciones —contestó Rivas con dignidad.
—Libre a ti de hacer lo que te plazca —dÃjole AgustÃn, abriendo la puerta—, yo te digo mi opinión.
Caminaron hacia el comedor.
AgustÃn iba inquieto, porque tenÃa por Rivas un verdadero cariño.
Rivas caminaba resuelto, aunque palpitándole con violencia el corazón; todo su temor era el desprecio de Leonor.
Cuando entraron, la familia se hallaba sentada a la mesa.