MartÃn Rivas
MartÃn Rivas MartÃn, con efecto, habÃa dicho que no fumaba cuando, después de comer, don Dámaso le ofreció un cigarro, en un rapto de republicanismo. Mas, al despedirse, sus amigos le dejaban medio curado ya de sus impulsos igualitarios con la noticia de que un Ministro se habÃa ocupado de él para encomendarle una comisión. —Después de todo— pensaba al acostarse don Dámaso—, ¡estos liberales son tan exagerados!