Martín Rivas
Martín Rivas Edelmira salió a acompañarle como lo había hecho la primera vez, y se detuvo largo rato a contemplar el carruaje en que marchaba Rivas. Cuando éste se perdió de vista en un recodo del camino, Edelmira entró en la pieza y dijo a su tía:
—¿No le decía yo? Martín ha perdido por mí su felicidad, pero yo haré cuanto pueda para volvérsela; así tal vez logre pagarle su generosidad.