MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —Si usted se toma la molestia de leer estas cartas —le dijo—, verá que es la verdad cuanto acabo de referir.
Leonor abrió la primera carta que le pasó Edelmira y principió a leerla con una sonrisa de desprecio.
—Pero ésta parece una contestación —exclamó cuando habÃa recorrido algunas lÃneas. Edelmira le explicó lo que ella habÃa escrito a MartÃn y Leonor prosiguió su lectura, no ya con aire de desprecio, sino de vivo interés. De este modo conoció la rectitud de las amistosas relaciones que mediaban entre Edelmira y MartÃn, y la lealtad con que éste habÃa procedido en aquel asunto. Al leer la carta que Rivas dirigió a Edelmira antes de emprender su viaje, Leonor tuvo dificultad para disimular su alegrÃa. No podÃa quedarla ya ninguna duda de que era dueña del corazón cuya nobleza se revelaba en las cartas que tenÃa en sus manos.
Al mirar a Edelmira, después de esta lectura, la expresión de su rostro habÃa cambiado completamente. A la irónica terquedad de sus ojos reemplazaba en ese momento la más afectuosa benevolencia.
—Estas cartas —dijo— no dejan la menor duda y honran sobremanera a la generosidad de usted.