MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —Porque te expones a entrar de nuevo en la carrera de los sufrimientos que te he visto recorrer desde que te conozco. Tienes un corazón demasiado puro, MartÃn, para arrojarlo a los pies de una niña orgullosa y llena de inexplicables caprichos; lo pisará sin piedad por el gusto de presentarlo como una vÃctima más sacrificada a su hermosura. Por otra parte, nada avanzarÃas haciéndole esta noche una visita, porque, tÃmido cómo eres con las mujeres, cuando más te atreverás a mirarla, y buscarás cualquier pretexto para hacerte nuevamente su esclavo.
Aquà San Luis hizo una pausa, pero viendo que MartÃn nada replicaba, prosiguió:
—Te traigo una noticia que puede hacerte tomar otro camino para llegar a un desenlace en tus ya demasiado románticos amores.
—¿Qué noticia?
—Te preguntaré, antes de dártela, una cosa.
—A ver…
—Las opiniones que has emitido en nuestro club secreto, ¿han sido sinceras o hijas solamente del hastÃo de tu alma?
—Si no fuesen sinceras, no las habrÃa emitido.
—Es decir que has abrazado nuestra causa con todas sus consecuencias.
—Con todas —dijo MartÃn con aire resuelto.