Martín Rivas
Martín Rivas 56
Era para Martín aquella ocasión la circunstancia más solemne de su vida: iba por primera vez a hablar de su amor a la que dominaba en su corazón, y se hallaba en vísperas de acometer una empresa en que jugaba la vida. Sin sentir miedo, experimentaba sin embargo esa zozobra que a los pechos más enérgicos infunde la idea de una muerte cercana, cuando el vigor de la salud parece aferrar el alma con más fuerza al nativo instinto de la conservación. En tal estado, tomó la pluma y escribió:
«Señorita: