Martín Rivas
Martín Rivas En un grupo colocado en la bocacalle de San Isidro, Martín y Rafael descargaban sus tiros, secundados por su gente, sobre la tropa que acababa de salir del cuartel, y hacían que los que no tenían armas se sirviesen de las de aquellos que caían. Aquél fue sin duda el momento más crudo de tan encarnizado combate. Los beligerantes, colocados a pocos pasos los unos de los otros, desafiándose con el gesto y la voz, podían dirigir con certeza sus tiros y hasta ver el efecto de ellos sobre los contrarios. El ruido era atronador y los hombres caían de ambos lados en horrorosa abundancia. Los curiosos, que desde el alba llenaban los alrededores, se habían dispersado ante tan peligroso espectáculo para dejar disputarse la victoria a los combatientes, que, con encarnizada enemistad, parecían haber olvidado que cada tiro regaba el suelo chileno con la generosa sangre de alguno de sus hijos. Temerario arrojo en presencia del peligro, porfiada tenacidad para la defensa y el ataque simultáneos, ardor incontrastable a la par de heroica sangre fría, fueron prendas del carácter nacional que brillaron en ambos campos en aquel supremo instante. Las dos piezas de artillería, sobre las cuales Rivas, San Luis y los suyos hacían un fuego mortífero desde la bocacalle de San Isidro, disminuían poco a poco la frecuencia de sus disparos, porque la granizada de balas que sobre ellas caían había puesto fuera de combate a dos oficiales que sucesivamente las habían mandado y a la mayor parte de la tropa que las servía. El jefe del cuartel había reemplazado en el mando de esas piezas a los dos oficiales gravemente heridos al pie de ellas y de los cuales uno era su propio hijo. Pero a la llegada del jefe, una furiosa descarga derribó a casi todos los artilleros que aún quedaban en pie, y avanzando los revolucionarios tras el humo de esa descarga, lograron apoderarse de los dos cañones que la muerte dejaba sin defensores. Martín y Rafael llegaron juntos y fueron de los primeros que pusieron sus manos sobre las piezas que tantos estragos habían causado en las filas de los suyos.