MartÃn Rivas
MartÃn Rivas Cuando MartÃn llegó al lugar del combate, reinaba allà la mayor confusión. La fuerza revolucionaria se desorganizaba en esos momentos. Uno de los oficiales del Chacabuco, hecho prisionero en la guardia del principal, aprovechándose del desorden que le rodeaba, emprendió la fuga hacia el cuartel de artillerÃa y varios soldados siguieron su ejemplo, comunicándose el contagio a los demás que allà habÃa. Con esto el fuego de los revolucionarios cesó poco a poco, y cuando Rivas llegó al frente del cuartel, todos entraban creyéndose victoriosos y caÃan allà en poder de los sitiados.
MartÃn entró también con la misma ilusión y se encontró en el zaguán con Amador Molina, que habiéndose ocultado durante la refriega, gritaba en ese instante en favor del Gobierno y contra los revolucionarios que al principio habÃa querido apoyar.
Un joven de los que habÃan militado con Rivas se acercó a él.
—Estamos perdidos —le dijo—, la tropa nos abandona y es preciso huir.
En ese mismo momento Amador gritaba:
—Ricardo, aquà hay dos revolucionarios.
—¡Cobarde! —le dijo MartÃn, tomándole del pescuezo—, te tengo lástima y te perdono.