MartÃn Rivas
MartÃn Rivas En dos dÃas más de esta correspondencia, Rivas habÃa llegado a creer que los que llevaba de prisión habÃan sido los más felices de su vida.
Entretanto, la causa que contra él se seguÃa marchaba con la rapidez que, desde entonces hasta ahora, despliega la justicia chilena en los juicios polÃticos. Y como MartÃn, además de estar notoriamente convicto de su participación en los sucesos del 20 de abril, habÃa confesado no sólo esa participación, sino que también en alta voz los principios liberales que profesaba, en el corto término de cuatro dÃas la causa estaba rematada y el reo condenado a la pena de muerte.
Leonor recibió la noticia de esta sentencia poco después de haber leÃdo una carta que su padre acababa de mostrarle, en la que se daba permiso para que don Dámaso y los de su familia pudiesen visitar a MartÃn de las seis a las siete de la tarde. La hora habÃa pasado ya y era preciso esperar al dÃa siguiente. La idea de la fatal sentencia tuvo por esto largo tiempo para someter a la niña a una horrorosa tortura. Durante la noche se vio asaltada por todos los temores que las reflexiones de su familia para persuadirla que aquella sentencia no se ejecutarÃa habÃan calmado en su ánimo en el dÃa. Su amor, en tan duro trance, cobraba las proporciones de una inmensa pasión, y no podÃa pensar un momento en la muerte de Rivas sin hacerlo al mismo tiempo en la suya propia.