MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —Mi hermana desea hablar ahora mismo con su hermana Edelmira.
—¿Para qué?
—No sé; pero sospecho que sea para que ella intervenga con alguien en favor de MartÃn Rivas, que está condenado a muerte.
—Pobre MartÃn, yo lo hice agarrar preso, ahora me pesa; vea, llevaré a Edelmira, no por el interés de los quinientos, aunque estoy muy pobre, sino por hacer algo por MartÃn.
—¡MagnÃfico! Apenas llegue usted a casa con Edelmira, recibirá la suma.
—Ya le digo que, aunque estoy pobre como una cabra, no lo hago por interés.
—Lo creo bien; pero la plata nunca está de más.
—Asà es, vea; a mà siempre me está de menos.
Despidiéronse, prometiendo Amador que en media hora más estarÃa con Edelmira en casa de don Dámaso.
Pocos momentos después que AgustÃn daba cuenta a Leonor del resultado de su entrevista, Amador y Edelmira llegaban a la casa.
Leonor condujo a Edelmira a su cuarto, dejando a su hermano en compañÃa de Amador.