Martín Rivas
Martín Rivas El corazón de Edelmira se oprimió dolorosamente al oír aquellas palabras que encerraban la confesión del amor que Leonor había ocultado en su primera entrevista.
Leonor continuó con exaltación, y sin cuidarse de secar las gruesas lágrimas que corrían por sus mejillas:
—Yo he hecho hasta aquí cuanto he podido, y me lisonjeaba de que Martín sería indultado; parece que le temen mucho, cuando se niegan a perdonarle. Yo estoy cansada de imaginar medios de evasión, y aun cuando me hallo dispuesta a sacrificarme por él, nada acierto a combinar que sea realizable. Esta mañana, desesperada al oír la funesta noticia de que le han puesto en capilla, no sé por qué he pensado en usted; dígame que he tenido una buena inspiración. Usted me dijo, cuando estuvo aquí hace tiempo, que deseaba servir a Martín; la ocasión ha llegado de manifestarle su agradecimiento. Ya ve usted que es tan noble, tan valiente. ¡Y quieren matarlo!
Edelmira se sintió fuertemente conmovida al ver la desesperación con que Leonor pronunció aquellas palabras. La admirable belleza de Leonor en medio de tan acerba aflicción, lejos de causarle los celos que la hermosura de una rival despierta en el corazón de la mujer, pareció ejercer sobre Edelmira una especie de fascinación.