MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —Casándome con usted si quiere.
Estas palabras hicieron vacilar al oficial algunos momentos, durante los cuales permaneció en silencio.
Luego después replicó:
—Y entonces, ¿por qué se empeña tanto por él?
—¿Es usted reservado? —Preguntóle Edelmira.
—¡Cómo no!
—Entonces diré que quiero salvarlo porque lo he prometido a la hermana de AgustÃn; quien ha venido para llevarle la noticia de lo que usted conteste.
—¿Entonces esa señorita quiere a MartÃn?
—SÃ.
—¿Y usted no?
—No.
—Y ¿cómo puedo yo salvarlo, pues?
—¿No puede usted entrar de guardia mañana?
—No me toca.
—Pero puede cambiarla con aquel a quien le toque.
—Eso sÃ.
—Estando usted de guardia, le es muy fácil hacer fugarse a MartÃn, pagando al centinela para que huya con él.
—Es cierto; pero yo le diré una cosa: no tengo plata.
—Ésa la dará AgustÃn.