MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —¿Qué objeto tiene esta visita, señor don Ricardo? —preguntó MartÃn con cierta altanerÃa, al reconocer a Ricardo Castaños.
—Lea este papel —contestó el oficial, entregando a Rivas una carta.
Rivas leyó lo siguiente:
«Todo está concertado para su fuga. Ricardo Castaños pagará al centinela, que enseñará a usted el camino seguro para salir. Aproveche, pues, la ocasión, y tenga prudencia, recordando que del éxito de este paso no sólo depende su vida, sino también la de su amante
»LEONOR ENCINA».
MartÃn levantó sobre Ricardo los ojos, en los que brillaba la esperanza, y al mismo tiempo hizo ademán de guardar la carta.
—¿No será mejor que la queme? —le dijo el oficial.
—¿Por qué? —preguntó MartÃn, que guardaba como un tesoro las cartas de Leonor—. Porque si por desgracia le pillan —repuso Ricardo—, ese papel me compromete. —Tiene usted razón— contestó Rivas, quemando el papel.
—Bueno —dijo Ricardo—, ahora yo me voy y usted no tiene más que salir; el soldado que está de centinela lo llevará por un camino seguro.