MartÃn Rivas
MartÃn Rivas —Pero tenemos que separarnos, y yo me resigno a este sacrificio porque sé que se trata de la vida de usted.
—Y yo también lo acepto gustoso porque sé, Leonor, que su recuerdo me alentará para luchar con la mala suerte si ella me espera; porque sé también que mi perseverancia tendrá una inmensa compensación cuando pueda volver a su lado y escuche de su boca palabras como las que acabo de oÃr.
—Será preciso aplazar hasta entonces nuestra felicidad —dijo la niña, ahogando un suspiro que le arrancaba la idea de que en pocos momentos más dejarÃa de oÃr la voz de su amante.
—Y ese dÃa llegará pronto, ¿no es verdad? —dijo MartÃn, a quien, después de olvidarse por un instante de la separación que le esperaba, aquel suspiro de la niña despertó a la realidad de su situación.